Rodrigo Traverso, dueño de un comercio de limpieza en Boulevard Daneri, relata la frustración de sufrir robos reiterados bajo la misma modalidad y reflexiona sobre el impacto social, la pérdida de valores y cómo el boxeo se convirtió en su cable a tierra.
Tres robos en el comercio bajo una misma modalidad y una violenta entradera en su propia casa a plena luz del día. La realidad que le toca atravesar a Rodrigo "Pucho" Traverso, comerciante y dueño de "La Burbuja" (un local de productos de limpieza ubicado en la estratégica esquina de Boulevard Daneri y Estrecho de Magallanes), refleja una problemática que golpea cada vez más fuerte a los vecinos de la zona: el avance de la delincuencia menor, la vulnerabilidad de los barrios y una profunda desazón con la dirigencia política.
Los robos a su local comercial parecen calcados. Los delincuentes actúan de madrugada, rompen el vidrio de la puerta de ingreso, acceden a la primera góndola y manotean lo que tienen al alcance antes de vaciar el cambio de la caja registradora.
"Rompieron el vidrio, entraron, robaron mercadería (jabón, shampoo, desodorante) y se llevaron el cambio. Fue la misma forma tres veces", detalla Traverso.
A pesar de contar con cámaras de seguridad visibles, los ladrones —en muchos casos encapuchados o acompañados por alguien que hace de "campana"— no se detienen. Para el comerciante, el diagnóstico detrás de estos episodios es claro y apunta directamente a una problemática social compleja: las adicciones.
"Creo que va más relacionado al azar, no hay un estudio previo. Van a lo que aparezca. Está asociado 100% a las adicciones; se llevan lo que necesitan en el momento o alguna cosa para canjear. No les importa cortarse con los vidrios ni que haya cámaras", explica.
Si bien los destrozos en el comercio generan un daño económico considerable —"te sale más caro reponer el vidrio que lo que se llevaron", lamenta—, el episodio más traumático ocurrió en su vivienda familiar, en pleno verano y a las cuatro de la tarde.
"Estaba en el patio y sentí un portazo. Me entraron por la ventana y me sacaron el televisor, una mochila de boxeo y una pelota de fútbol. Había cosas de mucho más valor, pero se llevaron eso", recuerda Traverso. Tras ese hecho, confiesa haber pasado semanas durmiendo con un cuchillo cerca por el estado de alerta constante, una situación que le impidió incluso acercarse a realizar la denuncia por la angustia del momento.
Esta seguidilla de hechos delictivos alteró por completo su cotidianeidad, un fenómeno que se extiende a sus vecinos y familiares: "A mí acostarme a dormir me lleva 15 minutos: revisar una puerta, revisar la otra, mirar si pasa alguno... Se pierde calidad de vida. Verdaderamente es triste, nos están enrejando".
Durante la entrevista, el comerciante rememoró con nostalgia su infancia, épocas donde las casas quedaban abiertas y no existía el temor actual. "Parece tan lejano. Antes dejabas las cosas afuera y no te faltaba nada. Hoy estamos cada vez más cerca de vivir como en el Conurbano, avisando que llegaste para entrar el auto".
Traverso, quien estuvo involucrado en la militancia política desde joven transitando por el socialismo y el peronismo, manifestó una profunda decepción con el escenario político actual, tanto a nivel nacional como local, señalando que la pérdida de valores viene "desde arriba".
A pesar del complejo panorama, Rodrigo encontró su espacio de descarga en el gimnasio. Aunque en el ring lo rebautizaron como "Poroto", aclara entre risas que lo suyo es puramente recreativo y terapéutico.
"Empecé de muy grande y jamás pelearía con nadie. Voy a boxeo terapéutico, como terapia de descarga. Le pegás a la bolsa, hacés actividad, salís relajado y te cambia la cabeza", comenta sobre su disciplina diaria. Destaca, además, el excelente ambiente del gimnasio, donde asiste gente de todas las edades y clases sociales sin distinciones. "Es un lindo ambiente. A veces voy cambiado directo desde el negocio, con la ropa manchada con cloro o lavandina, y a nadie le importa. Te desconecta".
El caso de "La Burbuja" no es aislado en la zona. Comerciantes y vecinos del sector enfrentan la misma encrucijada: trabajar con las persianas altas pero con el temor constante de transformarse en la próxima estadística. Mientras tanto, la resiliencia y el deporte siguen siendo el principal bastión para no perder la calma.
