La comunidad ambientalista despide a un referente histórico que, a sus 90 años, trabajó hasta el último aliento en defensa del río Uruguay.
La partida de Juan Veronesi marca un punto de inflexión para la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú. A los 90 años, tras complicaciones cardiológicas que derivaron en un fallecimiento repentino, el histórico activista deja un vacío que sus compañeros definen como "irreemplazable". Su vida, marcada por la docencia y el compromiso civil, fue un testimonio de coherencia que trascendió las fronteras de Entre Ríos.
En diálogo con Javier Horacio Pretto, mecánico y compañero de lucha en la Asamblea, recordamos la figura de un hombre que, según sus propias palabras, "gastó hasta el último centímetro cúbico de nafta" en pos de sus convicciones.
Para quienes compartieron los días de cortes de ruta y asambleas, Juan no era solo una voz autorizada; era el primero en poner el cuerpo. "Era una máquina de trabajar", relata Pretto. "Era el primero que llegaba y el último en irse. Si había que subir un cartel, agarrar una tenaza o viajar para representar a la Asamblea, ahí estaba Juan".
A pesar de su firmeza, Veronesi es recordado por su capacidad de diálogo y su humildad para buscar consensos:
"Teníamos diferencias a veces, pero se charlaban y siempre llegábamos a un acuerdo. Él no tenía problema en aceptar si otra idea era mejor; no era alguien que quería imponerse por antojo".
Veronesi, quien fue docente de profesión, trasladó esa vocación a cada ámbito de su existencia. Su vida diaria era una lección de ímpetu y compromiso. "Su vida ha sido docencia", afirma Pretto con emoción. "Incluso con 20 años menos que él, era difícil seguirle el ritmo. Tenía esa mezcla especial de intelectualidad y espíritu de campo; no tenía reparos en arremangarse los pantalones y ponerse a trabajar en el barro".
Esa energía lo mantuvo en la "línea del frente" hasta sus últimos días. La semana previa a su fallecimiento, se lo vio activo y lúcido, incluso planificando renovar su vehículo, demostrando que su vitalidad permanecía intacta.
La noticia de su muerte sin sufrimiento físico es el consuelo que abraza a su esposa Gilda, a sus hijos y a sus compañeros. Sin embargo, la Asamblea enfrenta ahora el desafío de reorganizarse sin uno de sus principales motores.
"Va a haber un antes y un después de Juan", vaticina su compañero. "La Asamblea se va a tener que reconvertir y encontrar nuevos liderazgos que motoricen el movimiento, porque Juan no solo estaba en Gualeguaychú; donde había una lucha ambiental en la región, él y Gilda no faltaban".
Juan Veronesi no dejó cuentas pendientes. Vivió a pleno hasta el último segundo, evitando el deterioro que tanto habría incomodado a su espíritu activo. Como bien señaló Javier Pretto en su despedida: "Las personas que trascienden nunca se van, siempre están presentes". Gualeguaychú despide hoy a un hombre íntegro, pero su ejemplo de "convicciones inquebrantables" queda instalado como el nuevo faro para las causas ambientales por venir.
