Hay personas que eligen el fútbol… y hay otras que nacen dentro de él. Isabella Barreto, con apenas 14 años, forma parte de esa segunda categoría.
“Mi amor por el fútbol empezó por mis padres. Tanto mamá como papá juegan al fútbol. También toda mi familia es futbolera… y cómo no serlo”, cuenta entre risas.
Sus primeros recuerdos llegan desde Enrique Carbó, donde comenzó jugando con chicos siendo apenas una nena. Ahí compartió momentos imborrables junto a su primo: “Podíamos compartir cancha, risas, lágrimas y mucho más”.
Con el paso del tiempo dejó atrás la vergüenza inicial y empezó a sentirse cada vez más cómoda dentro de una cancha. “Las chicas que ya jugaban fueron muy buenas conmigo y poco a poco me fui acostumbrando”, recuerda.
Hoy defiende los colores de Centro Bancario Gualeguay, club al que llegó a los diez años y donde actualmente juega como mediocampista o enganche. Aunque también sabe ponerse el overol defensivo cuando el partido lo pide.
“La parte defensiva me costó bastante, porque jugando de cinco el equipo depende mucho de vos. Pero con práctica siento que lo estoy haciendo bien”, explica.
Cuando le preguntan cómo se define jugando, no duda y responde con una sonrisa:
“¿Mi forma de jugar? Sucia jajajaja”.
Detrás de cada paso aparecen dos pilares fundamentales: mamá y papá. “Son un ejemplo para mí y cada día me enseñan algo nuevo”. Aunque este año hubo algo todavía más especial: compartir equipo con su mamá.
“Quería hace mucho tiempo jugar con ella y este año se dio. Es muy lindo saber que mamá siempre va a aportarte a pesar de todo”.
Y justamente su mamá también puso en palabras lo que significa verla crecer dentro de una cancha:
“Sí, jugamos juntas. Desde lo emocional, amo verla jugar porque lo disfruta mucho, aunque también lo sufre cuando algo no le sale. Me emociona que la gente hable bien de ella no solo como jugadora, sino también como persona y compañera”.
Pero si hay una voz que también pesa fuerte en su camino es la de su abuelo. “Es esa persona que te dice las cosas de verdad, te enseña mucho y siempre está apoyándome desde afuera junto con mi abuela”.
Entre tantos consejos familiares, hubo uno que quedó marcado para siempre. Su papá le dijo:
“Sea amistoso o partido de liga, siempre tenés que dar lo mejor de vos y luchar cada pelota”.
Y vaya si lo entendió.
Porque Isabella juega con amor por el club, por sus compañeras y por esa sensación única que aparece cuando pisa el césped:
“Los nervios se me pasan cuando entro a la cancha. Voy con mentalidad positiva y solidaridad siempre”.
Con apenas 14 años, ya sueña en grande.
“Mi sueño es jugar en AFA, llegar a Primera y poder ser profesional. Y vestir la camiseta de la Selección sería un honor”.
Pero quizás su mensaje más fuerte llegue para otras chicas que todavía dudan en animarse:
“No tengan miedo de intentarlo. Nadie nace sabiendo jugar. Lo importante es tener ganas, divertirse y confiar en una misma”.
Porque algunos sueños arrancan en el potrero…
y otros nacen destinados a Primera
